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En épocas prehispánicas
las Llanuras del Caribe colombiano estuvieron habitadas de manera
continua desde al menos el 200 a.C. hasta la Conquista. En los
valles de los ríos Sinú, San Jorge, bajo Cauca
y Nechí, vivieron numerosas comunidades relacionadas
culturalmente quienes, durante siglos, manifestaron de manera
similar sus expresiones artísticas, su concepto acerca
de la muerte y el manejo del medio ambiente.
En
este territorio se desarrolló un sistema hidráulico que controlaba
las aguas de inundación gracias a la construcción de canales y campos
elevados que se readecuaban y expandían constantemente. Su extensión
mayor se dio en el valle del San Jorge entre el 200 a.C. y el 1000 d.C., pero
también se implementó en el bajo Cauca y en el bajo Sinú.
Los temas expresados
en los adornos de orfebrería o en los objetos de cerámica denotan
el parentesco político y religioso entre las diversas comunidades que ocupaban
estas tierras. La impronta de los textiles a la que aludía la filigrana
fundida que constituía o adornaba miles de piezas de orfebrería,
la cestería modelada en arcilla, la relevancia de las figuras femeninas
de barro y la construcción de túmulos sobre las tumbas de los muertos,
fueron rasgos y temas compartidos por todos los pueblos de las Llanuras. Al igual
que la tecnología del sistema hidráulico se utilizó por más
de un milenio, estos elementos se mantuvieron a lo largo del tiempo y forman parte
de lo que se ha denominado la larga tradición Zenú. Sin
embargo, en cada región los artesanos expresaron estas ideas de manera
particular y así se distinguieron unos de otros. No obstante siempre les
imprimieron una identidad que los reúne a todos y que hoy distinguimos
con el nombre de Zenú. Con
posterioridad al 1100 d.C., hubo un descenso demográfico por razones aún
desconocidas. Los reductos de estas sociedades se establecieron en las sabanas
no inundables y a lo largo del curso del río Sinú, donde los encontraron
los españoles en el siglo XVI. En
los valles de los ríos Sinú y San Jorge, los conquistadores hallaron
muchos pueblos así como vestigios de un antiguo esplendor. Los reconocieron
como zenúes, ya que entraron a sus territorios por el río del Zenú,
como se le llamaba entonces. En
esa época cada valle constituía una unidad política. El valle
del Sinú se conocía como Finzenú, con su capital en el pueblo
del Zenú en la ribera del río. Allí estaba el principal templo
religioso y el mayor y más importante cementerio, que albergaba los restos
de personajes importantes desde siglos atrás. A la hoya del San Jorge se
la denominaba Panzenú, con su centro político en Ayapel, cuya variedad
y productividad de áreas cultivadas, así como el poder regional
de su cacique, llamó la atención de los españoles. Según
los zenúes, el cacique de Zenufana, un personaje mítico, gobernaba
antiguamente en el bajo Cauca y el Nechí donde se encontraban los principales
yacimientos de oro. Durante la Conquista, éste era considerado como el
cacique ancestral más importante, organizador del territorio del Gran Zenú,
quien le había conferido a sus parientes, los caciques de Finzenú
y Panzenú, funciones políticas, económicas y religiosas complementarias;
había dictado reglas y preceptos que todavía prevalecían
en 1537, a pesar de que en esa época la región del bajo Cauca ya
no estaba ocupada por comunidades zenúes.
Zenú
en la exposición del Museo del Oro
Tradición zenú
El tejido y la representación
del universo
Tecnologías
y escenas de la vida diaria
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