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En el valle del río
Magdalena, pródigo en recursos de subsistencia, se asentaron
y florecieron diversas poblaciones humanas con una gran variedad
de manifestaciones culturales. Fue además asiento temporal
de otros grupos humanos que migraban al interior del país
y con quienes, de una u otra forma, entraron en contacto y compartieron
gustos, tecnologías y creencias que se evidencian en
los restos materiales conservados.
Entre
estas manifestaciones se destaca una de carácter ritual que se relaciona
con la preparación del cuerpo del difunto para su viaje al mundo de los
muertos: la práctica de enterramientos secundarios en urnas, que constituyen
un elemento arqueológico distintivo de la hoya del río Magdalena,
desde la parte alta de su cuenca, en la región de San Agustín y
Tierradentro, hasta su parte baja en Tamalameque. La
práctica del entierro secundario representa una costumbre funeraria que
incluye dos etapas diferentes: un entierro primario en el cual el cadáver
es enterrado durante cierto tiempo ritual, y otra posterior donde el cadáver
es exhumado para ser nuevamente enterrado en una urna, posiblemente en medio de
una gran ceremonia colectiva. Las
urnas se han encontrado en tumbas de pozo con cámara lateral con algunas
variaciones a nivel local y regional. Las cámaras contienen entre tres
y setenta urnas con restos óseos calcinados, huesos largos fraccionados
y fragmentos de cráneo. Los ajuares están conformados por ollas,
cuencos y copas que en su mayoría fueron elaboradas exclusivamente para
el muerto pues no presentan huellas de uso. También se encuentran volantes
de huso, rodillos y hachas. Las
urnas encontradas en las sabanas del Tigre, en el municipio de Tamalameque, departamento
del Magdalena, tienen en su cuerpo aplicaciones que semejan ranas esquemáticas.
Las tapas corresponden a una cabeza humana con deformación craneal y algunas
de ellas conservan pintura facial. Hacia
la región de Ocaña y sobre la margen derecha del río Lebrija,
en Bucaramanga, se encuentran urnas funerarias cuyas tapas presentan la figura
humana completa, con su rostro aplanado, sexo bien demarcado, muslos planos y
pantorrillas abultadas. Se conocen comúnmente como Moskito, nombre del
sitio donde se encontraron por primera vez. Un
estilo cerámico muy propio se dio en el valle intermedio del río
Magdalena, en ambos márgenes. Las tapas de estas urnas funerarias sostienen
figuras antropomorfas sentadas sobre un banquillo o representaciones de aves y
de felinos; decoración incisa y diseños geométricos complejos.
Algunas de las figuras sentadas llevan un recipiente en sus manos; están
decoradas con incisiones que semejan tatuajes o pintura corporal con la cabeza
aplanada y en los brazos y piernas presentan abultamiento por el uso de ligaduras. En
esta área se han realizado excavaciones arqueológicas sobre el río
La Miel, Puerto Serviez y Puerto Salgar, que muestran que las sociedades que realizaron
esta práctica de enterramiento vivieron entre el 990 y 1150 d.C. En algunos
casos se presume su permanencia aún después del contacto con los
españoles. Las
urnas que se encontraron en el municipio del Espinal presentan una forma distinta,
ya que la decoración antropomorfa se concentra sobre el cuerpo de la urna,
conservando las aplicaciones de lagartos o ranas estilizadas en la parte opuesta
al rostro. El
uso de las urnas ha sido interpretado por algunos arqueólogos como el regreso
del muerto al útero materno. La representación de la figura humana
sentada, ya sea sobre la tapa o sobre un banco, es asociada a la figura chamánica
por su posición rígida, volviéndose un símbolo hierático.
Diversos estudios etnológicos y fuentes históricas indican que dicha
posición connota un sentido de autoridad y poder; por ello la aparición
en algunas tapas de figuras zoomorfas principalmente jaguares y aves
se interpreta como el hombre jaguar o el vuelo del chamán
que son dos temas recurrentes en el chamanismo. Igualmente,
la presencia de lagartijas, serpientes y sapos tiene un fuerte significado simbólico
pues son seres que se transforman o renacen. El cambio de piel en las serpientes
o la regeneración de pies y cola en las lagartijas se relacionan con la
metamorfosis o paso hacia otro estado de vida.
Tolima
en la exposición del Museo del Oro
Alfarería en el Valle del Magdalena
El
hombre y el murciélago
Las urnas funerarias
y los entierros secundarios |