Durante el período Tairona los destinos de las sociedades que poblaban la Sierra Nevada de Santa Marta eran regidos por una poderosa élite de chamanes que manifestaban tener el control sobre las fuerzas esenciales de la naturaleza, el ordenamiento del cosmos y sobre las acciones humanas.

Eran los encargados de velar por el bienestar material y espiritual de la comunidad, atribución que les confería poder político e ideológico capaz de movilizar ejércitos, convocar la realización de grandes obras públicas, controlar la producción agrícola, las redes de intercambio y comercio y realizar multitudinarias ceremonias, entre otras potestades.

Aunque no hay certeza sobre el origen del poder político que encarnaba la persona del chamán, el simbolismo de los objetos con representaciones compuestas humano–animal, tan comunes en la iconografía del período Tairona, sugiere que éste se sustentaba en su capacidad de transformarse en seres temibles para adquirir sus poderes. La audacia, la fuerza, la capacidad de volar o devorar gente eran atributos altamente valorados por el chamán. La transformación era un proceso que tenía lugar en el pensamiento, en el espíritu, bajo el efecto de sustancias psicotrópicas, extenuantes bailes rituales y el ayuno y las privaciones propios del ejercicio chamánico. No era el cuerpo del chamán el que se transformaba, era su espíritu, que ahora podía trascender los estrechos límites que impone la condición humana, viajar a través de las regiones desconocidas del cosmos y adquirir poderes y conocimientos inasequibles para los demás miembros de la comunidad.

Murciélagos con la hoja nasal que usan como sonar

Estos personajes fueron representados o se representaron a sí mismos en el trance de la transformación en numerosos adornos y utensilios elaborados en diferentes materiales. Aunque la más emblemática de estas representaciones corresponde a la figura del «hombre-murciélago», en la iconografía del período Tairona son variadas las imágenes de personajes, masculinos y femeninos, transformados en animales no menos temibles; aves rapaces, felinos, cocodrilos y serpientes, conformaban una legión de poderosos chamanes poseedores de profundos conocimientos esotéricos. Aunque la función primordial de estos personajes en su faceta de especialistas religiosos era mantener el equilibrio natural, velar por el bienestar de la comunidad, curar enfermedades o ser los únicos mediadores entre la sociedad y los dioses, también tenían la capacidad de convertirse en verdugos de sus potenciales enemigos. ¡Ésta era, tal vez, la fuente de su enorme influencia sobre el resto de la comunidad!

 


Tairona en la exposición del Museo del Oro

Territorio y subsistencia

Un paraíso hallado y perdido

Una poderosa élite de chamanes

 
 
 
 
 
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