La técnica
básica de la fundición a la cera perdida fue
desarrollada para crear técnicas especiales, variantes
más complejas que permitían manejar el color
de los objetos, hacer poporos y otros recipientes vacíos
en su interior, hacer en serie impresiones de motivos decorativos.
Los orfebres prehispánicos lograron objetos
articulados o multicolores fundiendo {a la cera perdida} en
varias etapas, con aleaciones cuyos puntos de fusión
eran cada vez más bajos.
Mediante fundiciones sucesivas a la cera perdida se hicieron,
por ejemplo, los alfileres bimetálicos, únicos
en América, que proceden del Valle del Cauca. Un ave
que balancea su cabeza y cola está formada por partes
independientes hechas con distintas aleaciones. La cabeza
y la cola fueron hechas en una aleación alta en oro,
al igual que el eje sobre el cual se mueven; el cuerpo fue
fundido luego en una tumbaga más cobriza, que funde
a menor temperatura. La segunda fundición. por lo tanto,
no alcanza temperaturas que dañen los objetos hechos
primero.
Las etapas de este proceso de manufactura ideado
por los antiguos orfebres son las siguientes, ilustradas con
la elaboración de un alfiler o palillo para cal cuyo
remate representa un personaje de piel cobriza ataviado con
adornos de oro.
Los adornos se martillaban o fundían en oro y se
daba forma a un modelo en cera de abejas purificada.
Los adornos se colocaban sobre el modelo de cera, en la
posición que debían tener en la pieza final.
El modelo era recubierto con un molde de arcilla.
Calentando el molde salía la cera y dejaba la forma
de la figura impresa en el molde de arcilla, con las piezas
de oro en su posición.
Se vaciaba entonces la aleación de oro-cobre, que
por tener una temperatura de fusión más baja
que el oro no derretía los minúsculos adornos.
Para sacar el objeto una vez enfriado era necesario fracturar
el molde para sacar la pieza y pulirla.
Para crear objetos tridimensionales o huecos,
los orfebres modelaban primero las figuras o recipientes en
una mezcla de arcilla y carbón. Revestían este
núcleo con la cera que habría de transformarse
en metal y aplicaban la decoración. Cubrían
luego con arcilla para formar el molde, pero antes de extraer
la cera para verter el metal debían clavar astillas
o palitos, llamados tabiques, para que al derretirse y salir
la cera el núcleo interno y el molde externo conservaran
su posición, separados por el espacio dende debía
entrar el metal fundido.
Los grandes poporos o recipientes para cal procedentes del
período Quimbaya del valle medio del río Cauca
fueron hechos con este método. Después de extraer
el carbón del interior, los orificios dejados por los
tabiques en las paredes del objeto se taparon con remaches
del mismo metal que pueden verse en las gammagrafías,
como pequeñas manchas oscuras.
En la Cordillera Oriental los orfebres integraron los orificios
de los tabiques al diseño de la pieza —figuras
o adornos— y no fue necesario utilizar remaches.
Cuando no se trataba de reciíentes, este método
representa un gran ventaja para los arqueólogos: el
carbón vegetal de los núcleos puede analizarse
mediante el método del radiocarbono para conocer las
fechas aproximadas en las que fueron manufacturados los objetos.
La fundición a la cera perdida es compleja en todas
sus variantes. Durante el proceso de fundición fueron
frecuentes los accidentes: falta de materia prima, temperaturas
muy bajas o muy altas, entre otros. Limaduras, desechos y
algunos objetos defectuosos se fundían para reutilizar
el metal.
Los orfebres de la Cordillera Oriental tallaron
sellos o matrices en piedras blandas para estampar con ellos
delgadas láminas de cera que eran transformadas luego
en metal por el proceso de la cera perdida.
Los muiscas usaron "collares" que en realidad no
se ponían alrededor del cuello y sobre el pecho sino
dos a la vez, terciados sobre el pecho y la espalda: uno alrededor
del cuello y del hombro izquierdo, pasando bajo el brazo;
otro de la misma forma al lado derecho. Las cuentas de esos
collares son laminillas rectangulares de forma básicamente
rectangular y presentan el mismo motivo repetido. No fueron
hechas por laminado y luego repujado sobre un modelo de madera
o piedra, como las hay en la región Calima: son fundidas
a la cera perdida.
De la observación de esas cuentas puede deducirse
el procedimiento siguiente:
Se purificaba y laminaba la cera de abejas, hasta producir
tiras semejantes a la cinta pegante de un grosor ligeramente
menor a un milímetro.
Sobre una superficie de arcilla mezclada con carbón
molido se estampaba una de las figuras talladas en el sello,
cuya forma entonces quedaba hundida en la arcilla. Este
será luego el frente de la cuenta.
Dejando secar probablemente la arcilla para que adquiriera
consistencia, se colocaba sobre ella la lámina de
cera y se estampaba de nuevo. Alguans matrices parecen incluso
tener unas guías para facilitar el case de las dos
impresiones.
La cera, ya con sus dos caras estampadas, se recortaba
con una cuchilla para dejar la forma rectangular y eliminar
los excedentes. El corte no se pulía y es visible
en las cuentas.
Se colocaban tiras de cera para ser los conductos por
donde saldría la cera y entraría el metal,
y se recubría con más arcilla hasta formar
un molde cerrado con muchas cuentas adentro.
Como en el procedimiento normal de la cera perdida, el
molde se calentaba para sacar la cera y vertir el metal.
Luego se rompía para sacar las cuentas.
El muy conocido poporo quimbaya que
motivó la creación de la colección arqueológica
del Banco de la República fue elaborado a la vez con
núcleo y en dos fundiciones sucesivas. Una gammagrafía
muestra los orificios remachados de los tabiques usados para
soportar el núcleo, pero en ella se ve además
una parte negra más densa en la base, que en la superficie
del objeto muestra al análisis visual un cambio de
color.
El orfebre talló en arcilla y carbón la forma
del interior y la cubrió con cera. Le agregó
una decoración en la cintura, pero sobre todo una delicada
base cónica hecha con hilos de cera. Fundió
esta parte inferior inicialmente, como para garantizar que
la base quedara muy bien, y luego el resto del recipiente.
Finalmente sacó el carbón del interior, por
la boca, y pulió y bruñó la superficie
hasta hacerla brillar con el fulgor del sol.