La técnica básica de la fundición a la cera perdida fue desarrollada para crear técnicas especiales, variantes más complejas que permitían manejar el color de los objetos, hacer poporos y otros recipientes vacíos en su interior, hacer en serie impresiones de motivos decorativos.

 
         
         
       
      Los orfebres prehispánicos lograron objetos articulados o multicolores fundiendo {a la cera perdida} en varias etapas, con aleaciones cuyos puntos de fusión eran cada vez más bajos.

Mediante fundiciones sucesivas a la cera perdida se hicieron, por ejemplo, los alfileres bimetálicos, únicos en América, que proceden del Valle del Cauca. Un ave que balancea su cabeza y cola está formada por partes independientes hechas con distintas aleaciones. La cabeza y la cola fueron hechas en una aleación alta en oro, al igual que el eje sobre el cual se mueven; el cuerpo fue fundido luego en una tumbaga más cobriza, que funde a menor temperatura. La segunda fundición. por lo tanto, no alcanza temperaturas que dañen los objetos hechos primero.

 
         
 
   
         
      Las etapas de este proceso de manufactura ideado por los antiguos orfebres son las siguientes, ilustradas con la elaboración de un alfiler o palillo para cal cuyo remate representa un personaje de piel cobriza ataviado con adornos de oro.  
         
   
  1. Los adornos se martillaban o fundían en oro y se daba forma a un modelo en cera de abejas purificada.
  2. Los adornos se colocaban sobre el modelo de cera, en la posición que debían tener en la pieza final.
  3. El modelo era recubierto con un molde de arcilla.
  4. Calentando el molde salía la cera y dejaba la forma de la figura impresa en el molde de arcilla, con las piezas de oro en su posición.
  5. Se vaciaba entonces la aleación de oro-cobre, que por tener una temperatura de fusión más baja que el oro no derretía los minúsculos adornos.
  6. Para sacar el objeto una vez enfriado era necesario fracturar el molde para sacar la pieza y pulirla.
 
 
 
 
         
         
       
   

Para crear objetos tridimensionales o huecos, los orfebres modelaban primero las figuras o recipientes en una mezcla de arcilla y carbón. Revestían este núcleo con la cera que habría de transformarse en metal y aplicaban la decoración. Cubrían luego con arcilla para formar el molde, pero antes de extraer la cera para verter el metal debían clavar astillas o palitos, llamados tabiques, para que al derretirse y salir la cera el núcleo interno y el molde externo conservaran su posición, separados por el espacio dende debía entrar el metal fundido.

Los grandes poporos o recipientes para cal procedentes del período Quimbaya del valle medio del río Cauca fueron hechos con este método. Después de extraer el carbón del interior, los orificios dejados por los tabiques en las paredes del objeto se taparon con remaches del mismo metal que pueden verse en las gammagrafías, como pequeñas manchas oscuras.

En la Cordillera Oriental los orfebres integraron los orificios de los tabiques al diseño de la pieza —figuras o adornos— y no fue necesario utilizar remaches.

Cuando no se trataba de reciíentes, este método representa un gran ventaja para los arqueólogos: el carbón vegetal de los núcleos puede analizarse mediante el método del radiocarbono para conocer las fechas aproximadas en las que fueron manufacturados los objetos.

La fundición a la cera perdida es compleja en todas sus variantes. Durante el proceso de fundición fueron frecuentes los accidentes: falta de materia prima, temperaturas muy bajas o muy altas, entre otros. Limaduras, desechos y algunos objetos defectuosos se fundían para reutilizar el metal.

 
         
         
       
     

Los orfebres de la Cordillera Oriental tallaron sellos o matrices en piedras blandas para estampar con ellos delgadas láminas de cera que eran transformadas luego en metal por el proceso de la cera perdida.

Los muiscas usaron "collares" que en realidad no se ponían alrededor del cuello y sobre el pecho sino dos a la vez, terciados sobre el pecho y la espalda: uno alrededor del cuello y del hombro izquierdo, pasando bajo el brazo; otro de la misma forma al lado derecho. Las cuentas de esos collares son laminillas rectangulares de forma básicamente rectangular y presentan el mismo motivo repetido. No fueron hechas por laminado y luego repujado sobre un modelo de madera o piedra, como las hay en la región Calima: son fundidas a la cera perdida.

De la observación de esas cuentas puede deducirse el procedimiento siguiente:

  1. Se purificaba y laminaba la cera de abejas, hasta producir tiras semejantes a la cinta pegante de un grosor ligeramente menor a un milímetro.
  2. Sobre una superficie de arcilla mezclada con carbón molido se estampaba una de las figuras talladas en el sello, cuya forma entonces quedaba hundida en la arcilla. Este será luego el frente de la cuenta.
  3. Dejando secar probablemente la arcilla para que adquiriera consistencia, se colocaba sobre ella la lámina de cera y se estampaba de nuevo. Alguans matrices parecen incluso tener unas guías para facilitar el case de las dos impresiones.
  4. La cera, ya con sus dos caras estampadas, se recortaba con una cuchilla para dejar la forma rectangular y eliminar los excedentes. El corte no se pulía y es visible en las cuentas.
  5. Se colocaban tiras de cera para ser los conductos por donde saldría la cera y entraría el metal, y se recubría con más arcilla hasta formar un molde cerrado con muchas cuentas adentro.
  6. Como en el procedimiento normal de la cera perdida, el molde se calentaba para sacar la cera y vertir el metal. Luego se rompía para sacar las cuentas.
 
         
         
 
 
   

El muy conocido poporo quimbaya que motivó la creación de la colección arqueológica del Banco de la República fue elaborado a la vez con núcleo y en dos fundiciones sucesivas. Una gammagrafía muestra los orificios remachados de los tabiques usados para soportar el núcleo, pero en ella se ve además una parte negra más densa en la base, que en la superficie del objeto muestra al análisis visual un cambio de color.

El orfebre talló en arcilla y carbón la forma del interior y la cubrió con cera. Le agregó una decoración en la cintura, pero sobre todo una delicada base cónica hecha con hilos de cera. Fundió esta parte inferior inicialmente, como para garantizar que la base quedara muy bien, y luego el resto del recipiente.

Finalmente sacó el carbón del interior, por la boca, y pulió y bruñó la superficie hasta hacerla brillar con el fulgor del sol.

 
     
 
 
 

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