Recipientes como el budare, los canastos, el banquito y el poporo, y artefactos tecnológicos como el telar y el huso, son algunas de las metáforas-objeto empleadas en el mundo indígena actual —y tal vez también en el pasado— para “encarnar” de manera condensada la totalidad o parte de la estructura y funcionamiento del cosmos. Estas metáforas sirven para que las personas interioricen y recuerden los marcos cosmológicos, y sigan las formas de vida y pensamiento ideales, o tradicionales, establecidas en ellos. Actúan así como soportes materiales de la memoria cosmológica, como “artefactos mnemotécnicos” con un papel fundamental en la transmisión de la herencia cultural del grupo y en la continuidad de la sociedad.

Pero “los objetos cosmológicos” no son sólo artefactos de memoria; son también con frecuencia instrumentos sagrados con poderes para modificar el mundo. Muchos de los artefactos de orfebrería fueron símbolos cosmológicos de primer orden entre las sociedades prehispánicas; por su brillo, colores, olores y perdurabilidad, metales como el oro, el cobre, la plata y el platino fueron medios privilegiados para la elaboración de objetos cargados de significados relacionados con la visión del mundo a los cuales se les atribuyeron poderes especiales.

La “casa” (maloca, vivienda unifamiliar, templo, etc.) es un símbolo o metáfora al parecer universal entre las sociedades indígenas para pensar el cosmos. Casa y cosmos se conciben como idénticos: dos espejos, reflejo uno del otro. Con frecuencia el cuerpo humano, la chagra (o sembrado), el territorio y algunos objetos materiales forman con estos dos símbolos una larga cadena de metáforas: la casa —por ejemplo— es un cuerpo y el cuerpo una casa; el cosmos, un poporo, y el poporo, un cosmos…

El cosmos es así representado como una gran casa, la primera y arquetípica, construida en el inicio de los tiempos. En su interior se alojan los diferentes cielos y tierras, en donde a su vez existen casas habitadas por los seres propios de cada mundo, como la casa o casas de la gente del grupo social o etnia, ubicada generalmente hacia el centro del nivel medio.

En su estructura y funcionamiento, la casa de la gente en este mundo es concebida asimismo a la manera de un microcosmos. Su forma, partes y andamiaje reproducen el armazón de la gran casa-cosmos: el techo replica los cielos; el piso, la tierra de los humanos; las puertas, los orificios por donde entra y sale el sol todos los días; el poste central, su axis mundi. La ubicación de la gente dentro de la casa y su comportamiento están regidos por esta misma metáfora: los rituales, por ejemplo, se realizan en el centro de la maloca, el lugar del “ombligo” del mundo donde habita la etnia. El funcionamiento de todo en su interior a lo largo del tiempo (el día, el mes, el año, etc.) está ordenado por los recorridos del sol, los ciclos de algunas estrellas y demás elementos que se piensa rigen el macrocosmos.

Muchas de estas casas son verdaderos observatorios astronómicos en cuyo interior se registran los movimientos de los astros y otros fenómenos celestes, a partir de los cuales se hacen predicciones sobre el clima, se calcula el tiempo y se programan las actividades económicas y rituales. Su orientación y construcción son objeto de gran cuidado y precisión. Por todo esto son a menudo edificaciones sagradas, viviendas de los especialistas religiosos y escenario de la mayoría de las ceremonias religiosas.

Entre los muiscas y otros grupos como los del Cauca Medio, el “cercado” o casa del cacique era un lugar público, centro político y religioso, con una estructura arquitectónica elaborada y construido con participación de toda la comunidad. Era un símbolo del poder del cacique y al mismo tiempo de toda la sociedad. En su interior se llevaban a cabo ceremonias de diversos tipos, entre ellas sacrificios humanos. Era también un centro de actividades económicas como el mercado, era lugar de defensa o fortaleza militar y el centro o núcleo alrededor del cual se ordenaban las casas de la demás gente de la comunidad. Era en suma centro ceremonial, sede de gobierno y fortificación para la defensa. También cumplía una función como elemento de prestigio del cacique frente a otros caciques y a su gente. En el caso del “cercado” muisca, éste estaba provisto de una “carrera” o calzada que comunicaba con un santuario, y en donde se celebraban “procesiones” y otras ceremonias.

Las metáforas con relación a la casa forman un eje importante del pensamiento simbólico. La casa representa también un cuerpo humano, generalmente el de una deidad, como la Creadora: algún lugar de ella simboliza el útero, y la puerta de entrada, su sexo; las vigas, sus costillas; el tejido del techo, su piel, y la gente la fertiliza con ofrendas o rituales llevados a cabo en su interior. El cuerpo humano, a su vez, se imagina armado a la manera de una casa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
         
         
     
 
      Símbolos cosmológicos

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Mitos sobre el ordenamiento del cosmos

 
 
 
 
 
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