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Las cosmogonías
indígenas asignan un origen sobrenatural a lo que acontece
en el universo: una catástrofe es provocada por un
espíritu enfurecido; la enfermedad es enviada por un
chamán enemigo, y en la reproducción de los
animales intervienen sus dueños invisibles. Para controlar
estas fuerzas peligrosas y ambivalentes, los hombres obraban
acorde con la ley de los ancestros y realizaban ofrendas y
sacrificios: dádivas de oro, esmeraldas, coca, aves
y seres humanos, alimentos espirituales que agradaban a los
inmortales.
Los sacerdotes depositaban las ofrendas en lugares sagrados
de comunicación con los otros mundos. Los espíritus
les habían revelado antes el contenido, lugar y tiempo
apropiados para el regalo. En recios postes, a la entrada
de los cercados, se practicaban sacrificios humanos. La víctima,
amarrada en lo alto del madero y flechada, alimentaba con
su sangre la casa-cuerpo viviente del cacique.
La guerra tuvo diversos propósitos, como apropiarse
del espíritu del vencido, su nombre, estatus y cantos.
Capturar la calavera del enemigo demostraba la bravura del
guerrero.
La cacería, la guerra, el sacrificio y la muerte
eran entendidos como actos de depredación destructiva
y a la vez creativa: una vida se engendraba a partir de otra
que se inmolaba.
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La muerte era entendida como
una transformación en otro ser o un renacimiento. Las
almas de algunos reencarnaban en un descendiente, un oso,
un árbol o una piedra. Para otros, los difuntos renacían
en las tumbas, cuevas o túmulos, y permanecían
cerca de sus deudos interviniendo en sus vidas; éstos
les hablaban y atendían. Las momias de algunos caciques
fueron exhibidas en ceremonias y en la guerra, en donde con
sus poderes protegían a la comunidad e infundían
valor a los guerreros.
Los caciques difuntos, cubiertos de oro y a veces momificados,
se guardaban en montículos, templos, cuevas y otros
sitios especiales. Estos lugares visibles manifestaban los
vínculos de los actuales dignatarios con ancestros
memorables. Los adornos y máscaras funerarias de oro,
el metal sagrado inmutable al tiempo, inmortalizaban con su
poder simbólico a los caciques para que continuaran
participando en la vida de la comunidad. |